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Cuando una persona decide hacer frente a los cambios, sin obsesionarse con el pasado ni con el futuro, puede entonces enfocarse en reinventar su vida, porque dentro de sí tiene todo el potencial para hacerlo. El Coaching parte precisamente de esta premisa, es decir, de la base que una persona tiene potencial para superarse a sí misma y que con intención, compromiso, enfoque y persistencia, puede hacer realidad lo que se proponga.

El Coaching es una disciplina que facilita el cambio y la transformación personal, porque lleva a hacerte grandes preguntas que conciernen tus valores personales. Si esas preguntas son suficientemente poderosas, puedes encontrar las respuestas que tanto necesitas, y a partir de ahí, transformar tu vida. El mundo del trabajo no está exento de la dinámica de cambio, sino más bien al contrario. Van surgiendo nuevos trabajos y nuevas formas de trabajar. Nadie sabe exactamente cómo va a evolucionar el panorama laboral y económico.

Por otra parte, creo firmemente que no podemos tratar a todo el mundo por igual, y no me gusta generalizar aconsejando unas carreras o unas profesiones concretas para todo el mundo. Pienso que es algo que es mejor abordar a nivel personal considerando el entorno del sujeto y su forma particular de ser. Particularmente me encanta esta filosofía del Coaching que considera a cada uno único y diferente, por lo que no hay una receta mágica para todos, sino que cada uno tiene que encontrar la suya dentro de sí mismo, siguiendo su corazón. De hecho, John Whitmore, considerado cofundador del Coaching, valora la diferencia como eje central para el desarrollo de las personas. Su definición del Coaching va en esta línea precisamente: “(El Coaching) Consiste en ayudar a alguien a pensar por sí mismo, a encontrar sus
respuestas, a descubrir dentro de sí su potencial, su camino al éxito… sea en los negocios, en las relaciones personales, en el arte, el deporte, el trabajo…”.

Es por este motivo que el papel del Coaching es tan importante: por medio de conversaciones profundas y preguntas poderosas, el coachee descubre sus creencias, bloqueos, pasiones, sueños, etc. Una persona por sí sola es difícil que pueda valorarse justamente. La introspección sin orientación puede no ser suficientemente objetiva, y verse con ojos muy complacientes, pensando que no necesita cambiar nada, que siempre tiene la razón y que los demás se equivocan, etc.; o al contrario, verse con ojos excesivamente críticos, diciéndose que no vale y que no es bastante bueno, que no puede conseguir lo que quiere, que no tiene las capacidades o talentos, etc.

La objetividad en cómo uno se ve así mismo no puede ser más que una pequeña posibilidad cuando es consustancial a esa mirada una carga de subjetividad, afectando pues a la autovaloración. Es por ello que hace falta un coach que nos devuelva el reflejo de cómo somos realmente. El coach es nuestro canal para mejorar nuestra Autoestima y nuestra asertividad (con lo cual funcionan mejor nuestras relaciones personales y profesionales), aprender a comunicamos más eficazmente, y ganar la confianza que nos faltaba para perseguir nuestros sueños. Este punto es muy importante, ya que los procesos de coaching van dirigidos al cambio y a la superación personal, y de ahí que se necesite reforzar la seguridad de las personas para que puedan creer en sus capacidades y apostar decididamente por perseguir sus metas. Así, en lugar de permanecer en el inmovilismo por causa de sus miedos, se permitirán probar cosas nuevas y cambiar.

Solo vamos a poder cambiar lo de fuera si hacemos antes el trabajo mental para cambiar nuestros pensamientos. Como dice Louise L. Hay en El Poder está dentro de ti: “Cuando uno cree que todo es posible, se abre a las respuestas en todos los aspectos de su vida”.

En conclusión, la gestión del cambio no es una tarea fácil de llevar a la práctica, y va a ser necesario reforzar tu autoestima y tal vez un acompañante o ayudante que te facilite conseguirlo, que te haga sentir que no estás solo, que te aliente a hacer más, que anime la llama de la automotivación y el gusto por experimentar. Esa persona es tu coach personal, con capacidad para ver en ti no la persona que eres ahora, sino la persona mejorada que puedes llegar a ser. Tu éxito en el cambio no va a ser fruto del azar, sino de tu voluntad y constancia.