Seleccionar página

Es bastante frecuente que se cometan errores en los procesos de coaching cuando la persona que lo hace no está formada adecuadamente. Por supuesto, todos somos humanos e incluso estando preparados nos podemos equivocar. Tratar con personas no es fácil y nuestra tarea de guiarlas es compleja. Tenemos que aceptar que es posible que no siempre actuemos de la mejor forma, pero también tenemos la obligación profesional de tratar de minimizar los errores y los riesgos para con nuestros clientes. Por ello es fundamental evitar cometer los siguientes errores:

  1. Dar «coaching» cuando lo que necesita el cliente es otra cosa: formación, asesoría, mentoring, terapia, etc.
  2. No definir claramente las normas del proceso: duración de las sesiones, estructura de las sesiones, dónde realizar las sesiones, cada cuánto hacer las sesiones, concretar las tarifas y la forma de pago, etc.
  3. Intentar dirigir al coachee hacia a algún objetivo, no dejarle expresar lo que en realidad quiere decir, orientar las preguntas hacia una respuesta concreta, orientar las preguntas hacia el pasado en lugar de hacia el futuro.
  4. Definir incorrectamente el objetivo general a conseguir en el proceso o incluso no definirlo claramente. Se trata de un grave error que corre el peligro de dinamitar todo el proceso si no se le pone remedio cuanto antes. Para formular el objetivo, hay que tener en cuenta todos los requisitos expuestos en el capítulo sobre la formulación de objetivos.
  5. Interrumpir a menudo, no dejar que el cliente se exprese sin agobios e interrupciones constantes. Las interrupciones impiden que la persona se desinhiba y exprese lo que quiere decir y lo que siente. Hay que dejar hablar la mayoría del tiempo al coachee, que es el protagonista de la sesión.
  6. Impaciencia por conseguir resultados o mejoras. Es normal que un coach desee ver resultados favorables en la vida de su coachee conforme se suceden las sesiones, pero es conveniente tener paciencia, ya que los resultados o mejoras tienen su «tempo», y aparecen cuando toca, a veces antes y otras después.
  7. Dar demasiados consejos o indicaciones no es apropiado en Coaching. El cliente tiene que encontrar sus propias respuestas y su propio camino. El coach es un guía sí, pero que solo lleva donde el coachee quiera ir, no donde el coach desee ir o piense que el coachee quiere ir.
  8. Crear dependencia del coachee. El proceso de coaching es limitado en el tiempo. Se hacen unas sesiones y se acaba. Un cliente puede volver a hacer otro proceso de coaching, que también tendría su fin. No conviene que el cliente sea dependiente en su vida del coach. Se trata de establecer una relación sana sin dependencia del coachee, pero tampoco del coach. Depender demasiado de un solo
    cliente no facilita que el coach haga bien su trabajo, con total independencia, solo buscando el interés del coachee y no el suyo por intentar alargar el proceso innecesariamente.
  9. Emitir juicios, ser intolerante, regañar, echar bronca, desvalorizar, discriminar, etc. No son aceptables.
  10. Falta de confidencialidad y discreción. El proceso de coaching debe ser totalmente confidencial, y no se pueden cometer ningún tipo de indiscreciones. La confianza en el proceso de coaching se basa en ello y los códigos éticos de las asociaciones de coaches profesionales obligan además a cumplir esta norma de obligado cumplimiento.
  11. Informalidad e impuntualidad. Por regla general hay que cumplir con los compromisos y hacer lo que uno dice que va a hacer cuando se ha comprometido a hacerlo.
  12. El coach no puede incumplir sus propias directrices y valores, ya que perdería toda su credibilidad y no podría ser ejemplo de confianza para el coachee. Uno tiene que ser fiel a sus valores y actuar consecuentemente.
  13. Humildad, que no sumisión. Un coach es capaz de reconocer sus errores y de admitir cuando el cliente tiene razón y él no. El orgullo del coach y su arrogancia no debe perjudicar el desarrollo personal del cliente. Eso sí, en ningún caso el coach debe pasarse al extremo de ser sumiso con todo lo que le diga el cliente. Cuando el coach no esté de acuerdo con algo, no tiene por qué asentir innecesariamente solo por complacer al cliente. Tampoco debe permitir la falta de respeto del cliente, ya sea verbal, comportamiento, económica, etc.

Como explica Allan Percy en la obra El Coaching de Oscar Wilde, quiénes no aprenden de sus errores se estancan y no logran avanzar porque: «Para desarrollar nuestras capacidades la clave es sintetizar y pasar a limpio la lección de lo que nos sucede, y seguir adelante».