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Aprender no es fácil en la vida. Requiere que realicemos un gran esfuerzo, y nos obliga a ver lo que a veces no queremos ver, a sentir lo que nos duele, y en definitiva, a tomar consciencia de que no somos  erfectos, y que debemos estar siempre predispuestos a conocer lo que no sabemos y nos puede ser de ayuda. El camino del conocimiento y el aprendizaje puede transitarse con el acompañamiento de un coach, que nos facilita el proceso, por medio de preguntas potentes que nos hacen elevar nuestro nivel de conciencia. A veces estas preguntas son tan poderosas que marcan un antes y un después en nuestra vida, porque nos permiten replanteárnosla y darnos cuenta de por dónde empezar a hacer cambios.

De acuerdo con la ICF, una pregunta poderosa refleja una escucha activa y un entendimiento de las perspectivas del cliente y lo lleva a descubrir, profundizar, comprometerse, tomar acción, ganar claridad, abrir posibilidades o aprender cosas nuevas. La habilidad de Realizar preguntas potentes o poderosas consiste en formular preguntas abiertas (aquellas cuya respuesta no puede ser un simple SI o NO). Este tipo de preguntas se caracterizan porque invitan a la reflexión, permiten la clarificación de ideas, generan nuevos puntos de vista, permiten revisar o desmontar falsas creencias limitantes, ayudan a construir nuevas ideas potenciadoras, etc. Las preguntas poderosas deben propiciar el avance en el proceso de coaching en la línea del objetivo marcado, favorecer la toma de decisiones y el compromiso, los verdaderos motores del cambio, y en consecuencia, los generadores de los resultados.

Algunos ejemplos de preguntas poderosas podrían ser:

  • ¿Qué significado tiene esto para ti?
  • ¿Cómo te sentirás cuando lo consigas?
  • ¿Qué vas a hacer ahora para dar este paso?
  • ¿Qué necesitas para hacerlo?
  • ¿Qué cosas te energizan/desenergizan?
  • Si lo que tienes ahora no te gusta, ¿cómo crees que debería ser?
  • ¿Qué pasaría si pudieras hacerlo?
  • ¿Qué te lo impide?
  • ¿Qué obstáculos podrías encontrar en tu camino?
  • ¿Cómo podrías impedir o sortear esos obstáculos?
  • ¿Qué te gustaría que pasara hoy que no esté pasando?
  • ¿Qué se puede aprender de todo esto?
  • ¿Cómo vas a comprometerte con tu objetivo?
  • ¿Qué es lo que te impide lograrlo?
  • De continuar así, ¿cómo crees que vas a acabar con el tiempo?
  • ¿Estás haciendo caso a tus sentimientos y sensaciones, o los estás ignorando?
  • ¿Qué es lo que te hace falta en tu vida?

Finalmente, siempre partimos de la idea de que las preguntas ayudan a que una persona aprenda de sí misma, ya que no es el objetivo del coach enseñar nada al coachee. Tan simple es y tan complicado el arte de hacer buenas preguntas. La reflexión que surge de ese diálogo con el coach puede llevar a replantearse muchas cosas y dar pequeños pasos que finalmente produzcan grandes cambios. Sea como fuere, el coach que llevas dentro quiere experimentar y probar cosas nuevas, porque no quiere perder oportunidades en la vida. A pesar de que podamos fracasar, en nuestro interior sabemos que el mayor fracaso siempre será no intentar aquello que nos apasiona. Tenemos que aprender las lecciones de la vida y seguir adelante, pero ello solo es posible si estamos dispuestos a hacer uso del ensayo, error, análisis, aprendizaje y coraje.